
La poesía, ebria del vino amargo de la duda,
se embarca en la nave de Caronte rumbo a la más tétrica tiniebla,
abandona el instinto amatorio de la vida,
renuncia estoicamente a los anhelos infinitos de la dicha,
se abandona.
Las letras se desparraman sobre bultos de carne calcinada,
de manchas de sangre roja sobre suaves sabanas blancas,
no hay sol, ni arco iris, no hay...
Es la nada que inunda tus palabras que no existen,
espera el pronto amanecer de la resaca hambrienta,
tal vez los versos vuelvan, vergonzosos,
para alimentar de nuevo la poesía.
se embarca en la nave de Caronte rumbo a la más tétrica tiniebla,
abandona el instinto amatorio de la vida,
renuncia estoicamente a los anhelos infinitos de la dicha,
se abandona.
Las letras se desparraman sobre bultos de carne calcinada,
de manchas de sangre roja sobre suaves sabanas blancas,
no hay sol, ni arco iris, no hay...
Es la nada que inunda tus palabras que no existen,
espera el pronto amanecer de la resaca hambrienta,
tal vez los versos vuelvan, vergonzosos,
para alimentar de nuevo la poesía.
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