
Aves negras vuelan,
anidando en el encanto, ficticio,
de tus risas.
Aladas almas confusas
descendiendo cual la bruma,
la niebla y la locura.
Angel muerto de las dudas,
sombra de ojos, azules, no hundidos,
reflejos de amiga muerte
en tus pupilas rotas,
desgarradas, lejanas.
Y tú... esperas
sin misterios, sin prisas
sin remedio.
Se agolpa tu sangre y tus recuerdos
y dejas que te invadan los dolores
los miedos, las almas, ya muertas.
De leña llora en rojo
llama luminosa desprendiendo gritos
en las urnas frías de tu sino
estallando contra el muro, brutalmente,
tus risas, tus besos, tu destino.
El pájaro altivo que en tí vive,
que sueltas y que coges
a tu antojo.
Despliega alas y se dobla
para morder con furia tu camino.
Ojos fríos de luz inexistente,
labios sin risa, ya perdida,
abatido caes, como la niebla
pájaro negro de tu vida
Vuelves a anidar en el destino
vuelves, revoloteando, ante la muerte
muerte que tu mismo,
a puro acero, instauraste,
engendraste con tus manos.
Mueres, pájaro violento
por amor o por antojo
estallado corazón
que desgranas, los despojos
en que tu mismo te viertes
ante tus, ante mis, ojos.
No hay pena, ni olvido,
ni lágrimas, ni sollozos
desapareciste herido,
o tal vez, no has existido.
nunca, nunca, ante mis ojos.
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